Violencia cultural: arma para persecución de defensoras comunitarias

  • Los movimientos de mujeres han sido progresivamente reconocidos y han sido también el reflejo de los avances de esta humanidad.

 

imagen: Movimiento por la Paz

En un foro de reflexión sobre los derechos humanos de las mujeres, Ana María García Arreola defensora de derechos humanos, destacó la violencia que viven las defensoras comunitarias en México, ante un contexto de violencia sistemática que impera en el país.

 

Por naturaleza el trabajo que realizan las mujeres por la defensa, ha ido siempre contra corriente cuestionando el orden establecido, el poder, los paradigmas con los que hemos crecido y aprendido, así como las practicas culturales que como sociedades hemos construido a lo largo de nuestras historias.

Por lo anterior,  mujeres con las que la misma Ana María ha construido el concepto de defensoras comunitarias, ejemplifican y nos develan con claridad todas estas lógicas y dinámicas de exclusión y de violencia, pues es en estas luchas de la vida cotidiana en donde, en el caso de Oaxaca, se enmarca la defensa de los derechos colectivos.

Las mujeres en defensa de la vida comunitaria enfrentan problemáticas de violencia específicas:

La violencia cultural. las mujeres indígenas y campesinas son cuestionadas por su participación en espacios reservados tradicionalmente a hombres, son cuestionadas por defender causas colectivas, (por la defensa del agua, el maíz, la tierra y el territorio, la lengua) esos lugares habían estado reservados prioritariamente para el ejercicio de una participación masculina.

«La parte cultural se transforma en chismes, críticas, rumores, que ésta es el arma más letal que puede tener una defensora en su comunidad, porque denigran su imagen y la cuestionan, por participar en las asambleas. Por salir a reuniones fuera de su comunidad, por asistir a actividades donde hay tantos hombres» comentó.

Las compañeras defensoras sufren violencia de género y enfrentan situaciones familiares complicadas, en parejas que no comprenden su activismo, las cuestionan y se enfrentan a enfermedades que el Estado mismo no garantiza su atención.

«Muchas de ellas tienen jornadas excesivas de trabajo, remunerado o no, que no se reconoce y siempre se vive una constante tensión entre que resuelvo hoy, mis problemas particulares, familiares o resuelvo los de la comunidad»

En esas grandes tensiones se mueven las defensoras y estos son ejemplos de violencia.

Ana María reconoció la labor de mujeres defensoras, víctimas de un sistema patriarcal que se ha encargado de criminalizar su labor, comentó que «Ser parte de la defensa colectiva es ser parte de un colectivo de mujeres en donde hemos aprendido a escucharnos, dialogar y aprender juntas, que si podemos dar la batalla».

Sin antes denunciar el asesinato de mujeres activistas durante su defensa, como Bety Cariño y Bertha Cáceres.

«La violencia es condenable en cualquier situación, es una premisa elemental independientemente de nuestra filosofía de vida, creencia religiosa, convicción política, es una premisa que va muy ligada al tema de los derechos humanos» dijo.

Aseguró que la violencia proviene de un lugar muy oscuro de quienes ostentan el poder, no solo el poder en el Estado o las instituciones, también en grupos y en personas con nombres, apellidos, caras y situaciones, conformando un ejercicio del poder violento que está matando a cientos de mujeres.

«Hoy las luchas por el agua, por el maíz por nuestros propios cuerpos como hombres y mujeres, por las memorias, por esas memorias históricas que son vitales, son motivos de disputa, no es casualidad que se quiera borrar el 14 de junio o el 19 de junio porque esa memoria también hoy está en disputa» comentó.

Por último Ana María compartió con las asistentes al foro, que tenemos que aprender a vivir con la violencia y transformarla, no podemos condenar eternamente nuestra esperanza y nuestra utopía y seguir en estos contextos de violencia. «A veces suponemos que los derechos que existen salieron de la nada , y no, estos derechos que ahora tenemos como mujeres ha sido porque muchas otras han luchado antes que nosotras y muchos compañeros solidarios también, en razón de esa esperanza tenemos que transformar ese desanimo y encontrar nuevos caminos».